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Señales de vida

Es fácil saber por qué las multitudes seguían a Jesús: Él sabía de sus necesidades físicas y realizaba obras maravillosas. En este evangelio, sin embargo, era claro que la gente “no lo entendía”. Ellos querían otra señal, más de lo que ya había pasado: Ellos habían sido alimentados hasta saciarse, pero aun así querían ser deslumbrados. La reprimenda que Jesús dio diciendo que no trabajaba con alimentos perecibles les atravesó el corazón directamente. Y su respuesta a la pregunta “¿Qué podemos hacer para cumplir las obras de Dios?” (Juan 6:28), fue igualmente directa: “Esta es la obra de Dios, que crean en quien él ha enviado””. (Juan 6:29).

¿Cuáles son estas señales que pedimos: ¿un buen trabajo? ¿una casa más grande? ¿más dinero? Nada de esto es malo básicamente, pero es fácil perder la vista al hecho de que estas no son las cosas más importantes. A pesar de que no perduran, existe la tentación de verlas como “señales” de las bendiciones de Dios. En cierta forma, pueden serlo, pero no saciaran el hambre que va más allá de nuestra necesidad física, pueden volverse fácilmente en distracciones de lo que verdaderamente es nuestro trabajo, como tener fe en Aquel enviado por Dios.

La fe como “trabajo” no es necesariamente un concepto nuevo. Sin embargo, es algo en lo que no pensamos hasta que el mantener nuestra fe se desafía. Hay muchas circunstancias en la vida que son desafíos directos de nuestra fe: Una enfermedad, la muerte de un ser querido, el desempleo o subempleo, un desastre natural, la matanza de miles de personas debido a la intolerancia racial. Así como “las cosas buenas” en la vida pueden ser distracciones, también lo son las dificultades y las realidades duras de vivir en este mundo. En tiempos como estos, mantener la fe es un trabajo.

En el intercambio entre Jesús y la multitud, las personas hacían preguntas sobre cosas materiales y tangibles. Las respuestas que Jesús les dio hacían un llamado a ellos y a nosotros, a la conversión, a ver las cosas de una forma diferente. Ellos querían ver señales; él quería que lo vieran como la única “señal” necesaria. Ellos aún estaban pensando en el pan que los saciaría; él quería que comprendieran que él, él mismo, era el pan que satisface toda hambre.

Con ustedes en Cristo
Fr. Gaspar Masilamani, Pastor