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Nuevos Comienzos

Nuestra vida aquí en el Sagrado corazón es en muchas formas un reflejo de lo que está pasando en nuestro amplio mundo. Así como nuestros niños se alistan para empezar un nuevo año académico, y enfrentamos nuevas restricciones por el surgimiento de los casos del Coronavirus, nosotros también estamos comenzando una nueva etapa en nuestro viaje de fe con un nuevo pastor. Para algunos, tener un pastor nuevo es un tiempo emocionante y esperanzas nuevas, y para otros es un momento lleno de preocupación por lo que sucederá o cambiará. Como les dije en la homilía de la semana pasada, nuestro mundo estará lleno de esperanzas o miedos dependiendo de en qué decidimos enfocarnos.

Tal vez si les comparto un poco de mi historia les dará a todos una sensación mayor de tranquilidad en esta transición, y con esto les comparto que nací en un pueblo pequeño en las afueras de la tierra de mi madre en Cleveland Ohio. Como mi padre no era amante de la nieve nos mudamos a Jacksonville donde crecí siendo el quinto de 5 hijos. Allí todos recibimos una educación Católica hasta la secundaria. En este tiempo obtuve el Eagle Scout y fui a la Universidad de St Joseph’s en Filadelfia donde estudié Finanzas y Economía, aunque la idea del sacerdocio siempre lo tenía presente.

Después de la universidad, sabía que Dios quería que lo sirviera en la Iglesia por lo que me uní a un programa de servicio misionero laico que me llevo a servir en la Arquidiócesis de Baltimore como consejero para adultos con discapacidades mentales por muchos años. Después de esto, me cambié a la industria de aerolíneas y viajes por 10 años antes de poder escuchar más claramente mi llamado al sacerdocio, siguiendo este llamado me uní a los Franciscanos con deseos de servir a los pobres, marginados y comunidades migrantes. Me quede allí 6 años antes de escuchar más profundamente el llamado a la vida misionera. Dejé a los Franciscanos y después de varias experiencias misioneras, encontré mi vocación plena en los Misioneros Claretianos inspirado en el amor de San Antonio Claret a la Palabra de Dios, a María, y la disponibilidad de ir donde la necesidad era más grande.

Espero poder compartir con ustedes los dones que Dios me ha dado. Para aquellos que tienen esperanzas, permanezcan esperanzados, aquellos que puedan sentir miedo, recordarles que el único mensaje que Jesús proclamo más que cualquier otro fue: “No teman.” ¡Sagrado Corazón de Jesús ruega por nosotros!

Fr. Ray Smith, Administrador Parroquial